Debido a la falta de substancia que tiene la industria del
software (es decir que el software no es un producto tangible), pueden florecer
varios modelos de negocios diferentes alrededor de ideas opuestas como lo son
las licencias, y la mentalidad de Samuel Goldwyn quién alguna vez dijo que
"un contrato hablado vale menos que el papel sobre el que se firma".
A lo que quiero llegar es que hay una diferencia enorme entre reconocer que el
software al igual que las palabras pueden ser algo que se puede repetir
infinidad de veces sin tener necesariamente que pertenecer a alguien.
Eric S. Raymond hace un interesante contraste entre el
desarrollo de software como una industria coordinada y regulada de manera
rigurosa por un líder (la catedral), y el desarrollo de software como una sala
de debates dónde todo el mundo quiere aportar un poco de lo suyo (el bazaar).
Aunque de buenas a primeras, el bazaar pareciera ser un modelo susceptible a la
anarquía, la subversión y el caos, Raymond provee ejemplos de cómo los usuarios
pueden organizarse entre sí para hacer un esfuerzo colectivo y mejorar
mutuamente sus herramientas alcanzando un beneficio común.
El bazaar puede traer distintos beneficios sobre la catedral
ya que la catedral depende de entregas periódicas, mientras que en el bazaar se
ven lanzamientos constantes de software mejorado y listo para implementar,
donde los usuarios que son, a fin de cuentas, los beneficiados principales
usaron sus habilidades para crear herramientas mejores con cada iteración de
estas. Este proceso de involucramiento de los usuarios es lo que le da vida al
bazaar, un bazaar no es administrado enteramente por una entidad única, se
maneja por células individuales, las tiendas y los mercaderes hacen al bazaar.
Ahora, me gustaría la alternativa mexicana llamada "El super y el tianguis".
Ahora, me gustaría la alternativa mexicana llamada "El super y el tianguis".
